sábado, 3 de marzo de 2012

DESARROLLO HUMANO I - APEGO


Por: Daniela Estenssoro y Lúcio Vieira



        Perspectiva innatista. En esta línea se ubican tres corrientes fundamentales: la Etología, el Psicoanálisis y otra tendencia muy influyente, representada por Bowlby (1969) y Ainsworth (1969).

        John Bowlby fue influido por Spitz (1972), quien investigó la Depresión Anaclítica y el Hospitalismo. Respecto de la primera, describió los efectos negativos, como llantos y progresiva pérdida de peso, que la separación de la madre produce en el niño, después de una buena relación con ella durante seis meses, por lo menos. En cuanto al hospitalismo, estudió las consecuencias de la carencia total de afecto en infantes institucionalizados, observando como éstos yacían en la cama totalmente pasivos, inexpresivos, con movimientos extraños. Bowlby (1969), acoge también las ideas de los etólogos y algunas provenientes del psicoanálisis, como el carácter innato del apego.

        Elabora dos formulaciones sobre el apego. En la primera, Bowlby (1958) desarrolla la idea de que la primitiva relación madre - hijo es única y se sostiene en instintos parciales radicados en la naturaleza humana a partir de la evolución. Estos instintos maduran en el transcurso del primer año y se expresan a través de cinco pautas de comportamiento: chupar, aferrarse, seguir, llorar y sonreír.

       Bowlby (1969) revisa sus ideas y elabora una segunda formulación teórica sobre el apego, superando el concepto de instinto. Afirma que el organismo inicia su desarrolla ya provisto de un amplio, pero finito, sistemas de comportamiento estructurantes. El apego responde a un modelo cibernético según el cual, el vínculo madre – hijo es el producto de la actividad de diversos sistemas comportamentales, que resultan en la cercanía a la misma. El ser humano hereda el potencial para desarrollar dichos sistemas, cuya naturaleza y forma difieren según el entorno. En este contexto, define al apego como: un fuerte lazo afectivo a una figura o figuras específicas que emerge completamente durante la segunda mitad del primer año de vida cuando las conductas de apego del infante comienzan a organizarse en un sistema de control que regula la proximidad a la (s) figura (s) preferida(s). (Bowlby 1969, p. 222)

           Bowlby (1969) integra los planteamientos de 1958 en sistemas mucho más elaborados, organizados y activados, que controlan el comportamiento instintivo y buscan mantener al niño cerca de su madre. Resalta la función adaptativa del apego, siendo la protección una de sus ventajas, al mantener al niño seguro, cerca de su madre.

       El apego funciona sobre la base de un modelo representacional interno, por el que, dentro del mundo interior del niño, se estructura un patrón de trabajo de sí mismo y del cuidador, donde el vínculo cobra especial relevancia. De esta forma, el infante va interpretando los patrones de conducta del otro y planea la suya en función de la respuesta que recibe. Una vez formado, este modelo es difícil de modificar, aunque con el desarrollo del niño, en interacción con el ambiente y nuevas experiencias, puede ser acomodado para adecuar su función.

Apego y Reacciones a la Separación

        Los autores han descrito, básicamente, tres reacciones a la separación respecto a las figuras de apego: la angustia de los ocho meses (Spitz, 1972), la ansiedad ante los extraños (Bowlby, 1969) y la ansiedad ante la separación y pérdida (Bowlby, 1975). En la primera, el niño, entre los 6 y 8 meses, distingue entre amigos y extraños. Si un desconocido se le acerca activamente y la madre desaparece, él baja los ojos, grita, llora, se esconde o se tapa la cara porque tiene miedo.

        Esto demuestra que la madre es su objeto libidinal y que ha formado una auténtica relación objetal con ella. La segunda se manifiesta entre los 8 y 11 meses. El miedo a los extraños se evidencia también con la madre presente y sus manifestaciones son iguales a la anterior. El tercer tipo se observa en niños que son abandonados, separados o que pierden a sus figuras de apego. Las reacciones se expresan en tres etapas, a) Protesta (llantos, gritos, inapetencia), b) Ambivalencia o desesperanza (entre 8 días a un mes: llanto desconsolado, angustia, desinterés u hostilidad si la figura de apego reaparece), c) Adaptación o desapego (olvida a la figura de apego, puede formar nuevos vínculos).

       Como se mencionó, el apego va desarrollándose en el tiempo. En las etapas que proponen, tanto Bowlby (1969) como Ainsworth (1969) coinciden en que la preferencia por figuras de la misma especie, hacia las que el niño se orienta y emite señales, es fundamental para la conformación del lazo afectivo. Éste evoluciona desde la indiferenciación de las señales hasta la progresiva discriminación y reconocimiento del objeto con el que se establece la relación especial y la búsqueda de contacto, proximidad y reciprocidad. Es interesante resaltar que a lo largo del ciclo vital el apego no desaparece, sino que se va expresando de diferentes maneras como, por ejemplo, en la disminución de sus manifestaciones.

Críticas

          Se han formulado numerosas críticas a la teoría del apego. Por ejemplo, Burman (1998) asumiendo una postura feminista radical, señala, entre otros cuestionamientos, que el enfoque de Bowlby (1969) culpabiliza a las mujeres, confirma su lugar en el hogar y excluye a los hombres de los roles de crianza. Desde un enfoque transcultural, LeVine (1990) destaca el desconocimiento, por parte de la teoría del apego, de los contextos socioculturales y su efecto en las pautas de crianza.

         Si bien estas críticas no pueden ser ignoradas, también se debe resaltar que la dependencia que caracteriza al neonato lo obliga a establecer relaciones de apego con su(s) cuidador (es) y a éste (os), a su vez, a establecer algún tipo de vínculo con el mismo. Es posible que la forma como el lazo afectivo se va a conformar y las características que tendrá, estarán matizadas por la cultura, pero también por otras variables, como las peculiaridades de la(s) figura (s) de apego, el temperamento del niño, la historia de apego del cuidador (es), el significado del niño para el mismo, la representación de la maternidad y del cuidado infantil, entre otros elementos que le dan un carácter complejo y multidimensional al tema tratado. Es por ello que no pueden asumirse posturas radicales frente al tema, cuyo estudio debe continuar, así como los debates que en torno a él se puedan abrir.

             En cuanto al vínculo entre separación de los padres y apego en la pubertad, se trata de un área aún no suficientemente investigada, pero tiene un carácter novedoso e interesante. Se hace necesario, por ejemplo, estudiarlo en diferentes contextos sociales, especialmente en Venezuela, pues no se encontraron trabajos al respecto, así como en diversas poblaciones, con el fin de dar respuestas a un problema contemporáneo de alta incidencia.


TEORIAS DEL APEGO

          Mary Ainsworth (1969) trabaja en la línea de Bowlby (1969) y concibe al apego comoUn lazo afectivo que una persona o animal forma entre él mismo y otro de su misma especie, un lazo que les impulsa a estar juntos en el tiempo. La característica más sobresaliente es la tendencia a lograr y mantener un cierto grado de proximidad al objeto de apego que le permita tener un contacto físico en ciertas circunstancias o comunicarse a cierta distancia, en otras. (p.50)

              Según esta autora, las conductas de apego son las que favorecen, fundamentalmente, la cercanía con determinada persona, a la que el lactante se siente vinculado, y pueden ser: de expresión (llorar, sonreír, vocalizar); de orientación (ver), movimientos relativos a otra persona (seguimiento) y de contacto físico (treparse, abrazar o aislarse).

              El estudio de Ainsworth (1969) con la situación extraña, está ampliamente reseñado y analizado en la literatura. En él, observó la exploración de niños entre 8 y 12 meses provenientes de casa cuna y familia, alternando episodios en que el niño estaba con la madre, con ésta y con un desconocido, solo, o solamente con el desconocido. A partir de sus observaciones concluyó: a) las figuras de apego dan seguridad para la exploración, b) la presencia de la madre facilita tareas de aprendizaje, c) la interacción con desconocidos es más positiva si está presente la figura de apego, d) sin embargo, la relación con ella se ve afectada por el tipo de relación previa.

              En función de lo anterior, describió tres tipos de lazos de apego: a) Apego seguro (los niños recibían con alegría el regreso de sus madres y volvían al juego. Ellas fueron sensibles a sus señales los primeros tres meses de vida), b) Apego inseguro – evitativo (los niños evadían el retorno de sus madres y se alejaban. Ellas los cargaron con menos afecto y fueron insensibles a sus señales los primeros meses de vida), c) Apego inseguro – ambivalente (los niños buscaban el contacto corporal pero mostraban rabia y conducta resistente. Las madres fueron inconsistentes en su sensibilidad hacia las señales que emitieron sus hijos, los primeros meses de vida).

Conclusiones

             El tema del apego es fascinante y complejo, aunque por momentos aparece poco sistematizado y contradictorio en sus planteamientos. Por sus características, se abre a múltiples posibilidades de debate e investigación dentro de la teoría del desarrollo.

                  En este artículo, resultó interesante indagar acerca de la teoría del apego y abordar la perspectiva de la separación de los padres y su relación con el mismo en los púberes, como una de esas interesantes líneas de investigación, que si bien no cuenta con gran cantidad de trabajos, ofrece la posibilidad de intentar dar respuesta a una situación que afecta directamente al niño, en un período evolutivo altamente vulnerable. Así, pudimos observar que el efecto de la separación de los padres sobre el apego de sus hijos púberes depende de múltiples variables y tiene diversas connotaciones.

              Si bien no puede adoptarse un punto de vista estrictamente determinista, los diversos estudios apuntan, en general, a un mejor ajuste en las diferentes esferas de la personalidad y a un manejo más efectivo de dicha situación en púberes que tuvieron un apego seguro durante los primeros años de vida.
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